Senderos
Por el Camino viejo de Ronda, te vi. Y tú me viste. Testigo de nuestro reencuentro fue el Guadalmesí, por cuyo cauce descendían furtivas miradas. La lluvia no quiso que La Tiñosa nos viera, pero tú y yo nos vimos. Y la lluvia presente. El sol, que radiante lucía sobre las Minas de Teuler, vio como dos labios sonreían especialmente. Quizá porque ya se habían besado. Nuestros guiños, a veces indiscretos, se pretendían por el seco y sinuoso Guadalora. Las olas del Estrecho rompían tristes mientras tú deambulabas sola por los Algarves. De nuevo juntos, caminamos de Grazalema a Benaocaz. Y desde allí, el viento nos llevó a su sierra, Sierra del Viento, donde, chismoso, susurraba nuestro secreto. Por fin el mar pudo alegrarse. Y el viento. Y ambos quisieron que de San Fernando, del Boquerón, partieran nuestros sueños para recalar aquí, en este puerto.
Ángel Loes
11 marzo, 2011 a 13:42
Como se nota la ausencia… ya se sabe que la distancia agudiza el sentimiento.
Parece como si recorrieras los itinerarios andados desde que se hizo el encuentro y quisieras plasmar los andares y vivencias por los senderos recorridos. Me llama la atencion la novedad en el ritmo como si los versos se plasmaran en los tiempos del andar …
El campo prepara la primavera a punto de estallar.