Letras que navegáis sin rumbo
por el inmenso océano del pensamiento,
¡parad!
Parad de una vez la errante danza
que me embriaga y me enmudece, y
¡agrupaos!
Agrupaos para que pueda expresar
lo que el corazón me dicta.
¿Es que acaso no entendéis?
¿Es la tempestad tan fuerte
que os aturde y os ciega el oído?
¡Escuchad!
Escuchad la voz del alma que, con insistencia,
os grita, una a una, las palabras.
¡Vamos, parad!
Por favor, letras, parad y agrupaos
para convertir en verbo el sentimiento
y poder contar al mundo
lo que el corazón me dicta.
Ángel Loes